Mundialito

Era el año 1980, y yo apenas con 12 años y con dos años de vivir en un nuevo país, con una nueva cultura deportiva y una cultura diferente en general. Mi nuevo país de residencia era Estados Unidos, y mi nueva ciudad era Orange, New Jersey, una de las tantas cunas del pueblo uruguayo en ese país. 

Me fui de Montevideo en 1978 justo después que Argentina saliera campeón del mundo, y cómo todo niño aún me quedaban en mis retinas las imágenes de grande jugadores como Kempes, Resenbrik, Pasarella, Rossi, Bettega y mucho otros, ese fue el mundial que me hizo hincha enfermo del fútbol, y que forjó el sueño de ser jugador de fútbol, pero la situación social-política del país arrojó la situación donde muchos compatriotas como mis padres que tuvieron que dejar el país y buscar nuevos horizontes. 

Una época difícil, aún se vivía en la piel los estragos de un país sometido en un régimen militar, y en el fútbol era una época donde Peñarol y Nacional ganaban siempre los campeonatos y el país solo hablaba de fútbol y aveces algún bocadillo para el ciclismo y boxeo. En esos años de mi niñez no me daba cuenta de mucho, mi vida era tan simple, me despertaba con la pelota y me acostaba con la pelota, era todo fútbol o nada en mi vida, hasta que el 26 de julio de 1978 tuve que abandonar obligadamente todo eso. 

Durante los primeros tiempos no extrañaba mucho jugar ya que me encontré con nuevos compañeros uruguayos con esa misma pasión y mismas costumbres. Lo que si se extrañaba era ver fútbol, era ir a un estadio y ver partidos, si teníamos el gran equipo de Cosmos en NY con jugadores estrellas, pero no era lo mismo, para mi era ver a Morena, a Paz, a Venancio Ramos y a Jorge Fossatti, si soy hincha aurinegro. 

Gracias a Dios que cuando ya la desesperación por no ver fútbol estaba a flor de piel y urgía en las mentes de todos los uruguayos en Estadis Unidos las ganas de ver algo de la selección que se estaba empezando a construir para jugar las eliminatorias del siguiente mundial pero antes de eso tendrían que jugar un invento, un torneo donde en SUDAMERICA se jugaba el mundial de mundiales, una competición élite para los campeones del mundo y la sede sería Montevideo, Uruguay. La copa llevaría el nombre de Mundialito y empezaría en diciembre de 1980 y terminaría en enero del 81. Países como Italia, Argentina, Alemania, Brasil, y Holanda quien remplazó a Inglaterra que no quiso participar fueron los países que acompañaron al anfitrión Uruguay. 

Para la comunidad charrúa en el exterior esto era algo grandioso, pero muy difícil de ver ya que ningún canal de televisión lo iba a transmitir, entonces nos juntábamos para verlo por circuito cerrado o para escucharlo a través de alguna radio de banda ancha y con suerte lograr de sintonizar a Víctor Hugo Morales o algún otro que relatara algún partido de esa copa. 

El mundia arrancó el 30 de diciembre con el partido Uruguay vs Holanda y la celeste le ganó 2 a 0, ese partido recuerdo que lo escuché muy mal, se cortaba la señal, y me daba bronca entonces llame a primo en Uruguay para que ponga el teléfono cerca del parlante de la tele o de la radio, claro lo hice a escondidas de mis padres, era carísimo llamar a Uruguay en esos tiempos, tampoco era fácil de conseguir conectarse y cuando lo hacías estabas a los gritos pelados para que te entiendan o te escuchen, también era una cosa psicológica porque pensabas que estabas lejos entonces gritabas más de lo normal, algo muy cómico y pintoresco, pero cuando se enteró mi madre lo que hice, digamos que por una semana no me podía sentar, pero igual yo feliz porque pude gritar los goles de Venancio Ramos (Peñarol) y de Wilmar Victorino (Nacional), esa alegria hacía olvidarme de la paliza y la penintencia que me pusieron mis padres. 

El Mundialito ya era un hecho aunque mucha gente vestida de uniformes verdes y no se que más no querían, muchos uruguayos comentaban eso entre ellos, si los adultos porque enseguida que apareciera un niño paraban de hablar del tema, era como si no querían de ensuciar nuestras mentes llena de linda memorias del país que nos vio nacer. Hoy valoro mucho esa forma de cuidarnos de los mayores en esos tiempos, los que lo vivimos podemos decir que crecimos con un amor muy especial al país y a la celeste de todos los uruguayos. 

En el segundo partido pasó algo que nunca me voy a olvidar, era el 3 de enero, víspera de reyes la celeste jugaba su segundo partido contra Italia y la comunidad TANA que era 5 veces mas grande que la uruguaya y súper desarrollada, entonces esa comunidad organiza en el teatro chico del Madison Square Garden la transmisión del partido y las entradas eran carísimas, pero era como estar en el estadio y ver a la celeste, ningún uruguayo se lo quería perder, muchos hicieron malabares increíbles para poder llegar desde otra parte del país y algunos hicieron lo mismo para poder comprar las entradas. Mis padres se sentían mal por la penitencia y las lindas palmadas que me dieron, entonces mi padre pidió libre en la panadería y en la construcción ambas bajo patrones italianos para poder llevarme a mi y a mi hermano a ver el partido histórico de ese momento.  El Madison estaba lleno de italianos, era una cosa de loco, nunca vi tantos italianos en un lugar, claro que para mi era todo nuevo y a la vez raro, pero cuando vi la bandera entrar con la batucada y vi los rostros de los italianos sin entender lo que pasaba, me sentí que no estaba en una estadio yankee sino que estaba en el  Estadio Centenario y para mi eso era lo único en mi mente. 

Uruguay le gana a Italia 2 a 0 con goles de Julio Morales y Victorino, los cantos de los uruguayos a los italianos fue algo increíble aún me acuerdo “Piano piano se nos van los tantos” y la celeste por un día fue el amo de la ciudad de NY y del estado de NJ, lugares súper poblados por italianos. 

Los días posteriores fueron difíciles, los chicos de mi edad todos uruguayos nacidos o  hijos de uruguayos, salíamos a patear la pelota donde sea y a imitar la hazaña que había logrado la celeste de ganarle a la escuadra “Azzurra”, pero habían chicos italianos que no les gustaba mucho que estuviéramos bajo el frío de invierno celebrando esa victoria, entonces muchos de nosotros, incluyéndome terminábamos con los ojos negros por las trompadas de los italianos del barrio. 

El Mundialito seguía y Uruguay clasificaba a la final, en el otro grupo estaba Argentina, Alemaña y Brazil, todos queríamos un nuevo Maracaná pero en piso charrúa. Brasil se clasificó primero de su grupo y tenía que definir el Mundialito versus al anfitrión Uruguay. Cuando esa noticia nos llegó, empezamos a ver cómo íbamos hacer para verlo y para disfrutar de la final.   

Enero 10 de 1981 se jugó la gran final, y el club Uruguay Montevideo de la ciudad de Newark NJ, televisa por circuito cerrado y con pantallas de cine el gran partido. La comunidad estaba presente, algunos vestido con la vestimenta de Peñarol, otros de Nacional y muchos de Celeste, pero vale recordar que también habían otros vestidos de cuadros más chicos de Uruguay como ser Huracán Buceo y Liverpool. La gente no paraba de alentar, creo que nadie escuchó el relato del partido, y menos de las previas.  

Ese día era nuestro al igual que el lugar, a nadie le importó la nieve ni el frío que hacía y mucho menos el costo de las entradas, pero teníamos que estar todos y así fue. 

Arrancó el partido y no pasaba nada era desesperante, nos salvamos y se salvaron, hubieron gritos de nervios desesperados, tal cual se podría haber vivido en el Estadio Centenario bajo el sol de verano montevideano. Terminó el primer tiempo sin goles y los nervios se transformaban en el “tic toc” de una bomba de tiempo.  El segundo tiempo todo cambia cuando Jorge Barrios nos pone 1 a 0 arriba y ese club en Newark que era el lugar de recreación uruguaya en New Jersey estalló y el júbilo más la sensación de tranquilidad se notaba en los rostros de todos, pero nos duró poco, porque al minuto 62 un Doctor con apellido Sócrates nos dio una vacuna que nos dejó mudo y los nervios empezaban a correr por las venas, era una sensación amarga por momentos porque Brasil era más, estaba para arruinarnos la fiesta. En el minuto 80 una jugada cambió todo que hizo que las ventanas del recinto temblaran, si Uruguay por medio de la cabeza de Victorino mete el 2 a 1, el mismo resultado del mundial que se había jugado en 1950 en Brasil, y una vez más Uruguay era campeón. 

Hoy a 40 años de ese gran logro uruguayo, lo recuerdo como si fuera ayer. Una linda época de mi niñez y de volver a rencontrarme con mi selección uruguaya.  Aún tengo el grito de gol de Víctor Hugo en mis tímpanos y las lagrimas de felicidad de todos mis compatriotas en mis retinas. 

Felicidades a toda esa delegación que llevo el gran Roque Máspoli a ganar la primera copa de campeones.  

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