Clásicos, por una final, por un torneo corto, por el Intermedio, afuera o adentro, de local o de visita, el fútbol nuestro de cada día, el que ha decapitado la mirada internacional por la poca pretensión de los grandes de nuestro fútbol, ha hecho que sin importar el contexto, se potencien mucho más las historias clásicas de los últimos años.

En esta oportunidad no era la excepción, varias situaciones, que condimentaban un encuentro, donde el antes hacía que fuera un partido muchísimo más importante que en otras ocasiones. Primero porque se jugaba nuevamente en el CDS. esta vez, sin público, Segundo porque Nacional venía de jugar copa internacional en la semana y con derrota, Tercero porque la nueva directiva carbonera había determinado, que fuera este torneo, la despedida de un pintoresco entrenador como Mario Saralegui, sumado a la despedida de Barrera como presidente.

La estrategia, estuvo sujeta a ese condimento previo, el equipo de Saralegui sabía que tenía que tratar de imponer un juego intenso, debido a que tenía un equipo enfrente con un trajín importante, que venía de un golpe anímico después de la derrota, y que a su vez piensa inexorablemente en la revancha con River Plate del próximo jueves. Tan es así que el entrenador apostó por un equipo vertiginoso de mitad de cancha hacia delante, con la movilidad característica de Torres, con Terans buscando permanentemente sobre Rafael García, Urretaviscaya y sus pases filtrados, y un Britos que entraba y salía de la zona de ataque, generando los espacios para los pases filtrados. El equipo carbonero apostó al siempre rendidor Trindade como central, para soltar a Cristian Rodríguez que fue más ofensivo, y que a la postre marcó permanentemente el ritmo intenso del partido que pensó su entrenador.

A su frente estaba el puzle de Giordano, entre la importancia histórica de un partido con estas características, la derrota de Buenos Aires, la vuelta del jueves, las bajas y su cargo, armó la estrategia. El entrenador ha dicho en varias oportunidades, que el encuentro siguientes es el más importante, porque hay que estar a la altura de la historia tricolor.

Hoy volvió a su esquema madre, ese que tanto lo identifica como entrenador, 4-3-3, el que le permite el juego directo y vertical por banda. Retrocedió a García a la zaga, que si bien no es una improvisación, al menos generó dudas, las mismas que se vieron plasmada en cancha, apostó a Laborda sobre el lateral, quizás acá el principal error del entrenador, sacarlo de la zona central después de los buenos rendimientos que venía teniendo, y la sorpresa de que relegó al banco a Oliveros, aunque claro está no tuvo buen partido contra River Plate el pasado jueves. En la mitad de la cancha, se volcó a su carta desde que llegó a Nacional, Martínez como centro con Trasante y Neves sobre los costados, dejando a Bergessio siempre referencia de área, con Castro y Rodriguez por extremos.

Esa pulseada del primer tiempo fue ganado por Saralegui, que leyó bien al rival, y le impuso el juego, sin ser nada del otro mundo, marcó la diferencia y le hizo sentir el desgaste, aunque en el pecado estuvo la penitencia de irse solo con un gol de renta al descanso.

La segunda mitad, fue totalmente opuesta, retornó Laborda a la zaga central, visualizando Giordano que era su posición, ingresó Trezza, seguramente buscando mas salida por derecha, y confió en los restantes futbolistas para esa segunda parte del mach.

Mientras tanto Saralegui siguió con los mismos once, tratando de repetir lo hecho en la primera mitad, pero se enuentra desde el vestuario, con una majestuosa jugada de Castro, centro atrás para que Rodriguez la mandara a guardar. No descubro nada diciendo que el gol cambia tácticamente cualquier pensamiento, desarrollo o análisis de partido, y fue lo que pasó.

Pero, había tiempo para que las pulseadas de los entrenadores se vieran reflejadas, y aquí salió aeroso el entrenador carbonero, porque le tiró con el banco en los momentos justos a Giordano y ahí encontró la diferencia.

Si bien, el conjunto tricolor se posicionó más sobre campo rival, fue más vertical, encontró a Dawson con atajadas importantes, generó a las espaldas de Herrera con los pases largos cruzados buscando a Castro, y rápidamente el juego asociado a Bergessio y Santi Rodriguez, mientras que Peñarol apostó a Torres, que se tiró por el sector de Trezza y le cayó a las espaldas permanentemente, sobre un jugador de clara falencia en una posición que no es la de él.

Polémica mediante, las hay en todo los clásicos, allí estuvo Nahuelpan, que de rebote, después de un penal nuevamente tapado por Rochet, le cumplió con gol a quien lo trajo en su despedida.

Giordano perdió la pulseada contra un Saralegui que aprovecho el descanso físico y mental de su equipo, y entendió los momentos para realizar los cambios oportunos. El estratega tricolor no encontró el revulsivo necesario, cuesta creer que Pablo García no tenga más minutos, o incluso que Lores no entrara, a sabiendas los problemas a las espaldas de los laterales que tiene Peñarol, y sumado a que en ningún momento pudo jugarle a las espaldas de los volantes centrales, algo que parecía ser una de las claves que tenía el partido.

Un indiscutido analista, hoy no supo leer el antes, ni el durante, pensó en lo que venía, tuvo temor en perder, cuando había que apostar a por todo, y terminó quedándose sin nada, su esquema no generó y no tuvo la templanza para buscar la alternativa necesarias, y puede ser verdaderamente quedarse SIN NADA.

Saralegui, se va de Peñarol haciendo historia, gana su primer clásico en el CDS., le tiró con «VA BANCO», los cambios le respondieron, y se puede ir Bala, tranquilo; a twittear a otra parte.

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