Sin dudas que era un partido de dos grandes estrategas, nadie puede discutir lo de Marcelo Gallardo, quien sin lugar a dudas, es hoy, el mejor entrenador sudamericano, y a su frente estaba un gran analista como lo es Jorge Giordano, estudioso del fútbol como pocos en el Uruguay.

Las fortalezas tácticas, la automatización, las transiciones, son características impuestas por Gallardo en este equipo Millonario, a eso, se le suman algunos elementos tácticos muy interesantes; es un equipo vertical, intenso -característica indispensable para los triunfos del estratega- que prevalece el juego interno con la manija de «Nacho» Fernández, los chispazos de De La Cruz, y tratando que desde ahí se genere el dos x uno por las bandas, con los extremos de Suarez, Montiel, o el brillante de Carrascal.

«Muchas personas creen que el equipo con más posesión es el equipo que es más dominante, pero eso depende de la forma en que lo mires. Un equipo sin balón todavía puede tener el control del juego. Para algunos entrenadores, ese estilo creo que es más una cuestión de relaciones públicas e imagen», esto había manifestado Mourinho hace unos días atrás cuando lograba ganarle al City de Guardiola, y pareciera ser aplicable a la idea de Giordano, quien analizó muy bien al rival, aunque con dos libretos bien marcados, primer y segundo tiempo.

Su equipo renunció a la pelota, al igual que lo había hecho contra Independiente del Valle, aunque el equipo ecuatoriano es mas de posesión lateral, más paciente, muy del juego por banda. Mientras que la diferencia táctica para este encuentro, fue el diagrama de la mitad de la cancha, donde García ocupó la función de volante centro, y allí puso a Martínez con Neves, quienes supieron cortar la línea de juego interno del equipo millonario, y buscó la salida rápida por las bandas, a las espaldas de las subidas de los laterales de River Plate, con Cougo y Trezza. Se preocupó por negarle espacios al rival. No le discutió el balón pero sí los lugares donde los de Gallardo querían jugarlo. El 4-1-4-1 prevaleció contra un equipo local que tuvo a 3 centrales, tres internos, dos extremos que fueron lo mejor del millonario, y la presencia de Santos Borré como centro de referencia en el ataque.

Durante la primera mitad, River Plate manejó la pelota casi el 80 % del tiempo. Pero lo hizo en los sectores de la cancha que Nacional le dejó. En los últimos 30 metros, le costó traducir posesión de balón en peligro, y los tricolores tuvieron transiciones que pudieron, a no ser por falta de discernimiento, terminar en mayor riesgo en el arco de Armani.

La segunda parte del libreto, no salió, o bien la jerarquía del rival, hicieron que la primer pulseada se la llevara el equipo de Gallardo.

Nacional en la segunda parte, no supo cortar toda posibilidad de pase entre líneas, Carrascal tomó las riendas del equipo con diagonales, y Montiel apareció sobre las espaldas de Oliveros, que sintió el 2×1 que le hacían con la caída del «Bolita» y ahí apareció lo mejor de River Plate, en esos primeros minutos hasta la jugada del penal, que fue la diferencia, ya se dicen goles son amores, y es el arma letal para modificar cualquier estrategia.

En el fútbol hay que distinguir entre velocidad de juego y velocidad del juego. La primera está relacionada con la velocidad mental, a la capacidad de anticipar lo que va a pasar y decidirse por la respuesta más adecuada. La segunda está habitualmente asociada a correr y a jugar apurado. En la primera mitad, Nacional llevó su esquema táctico a que River jugara con velocidad del juego, y allí ganó Giordano, en el segundo el Millonario supo ser mentalmente más aplicado y asociado a su juego interno y verticalidad que lo caracteriza.

El equipo ideal es aquel en el que, en cualquier momento y en cualquier situación, todos los jugadores piensan de la misma manera, y ahí estuvo el desequilibrio en la segunda mitad, la jerarquía del colectivo, superó a la estrategia y el cansancio de un Nacional, que hasta que la mente y las fuerzas pudieron fue muy aplicado en lo conceptual de lo que había que hacer, el entrenador hizo cambios pero nunca buscó cambiar tácticamente, y los cambios siempre fueron para mantener el 4-1-4-1 que pareció ser el ideal para todo el encuentro. Neves sintió el trajín, a García le aparecieron por las espaldas, y los extremos no pudieron controlar ni las subidas, ni pesar ofensivamente.

El equipo que marca más goles es el equipo que gana. Y ese es, para mí, el punto fundamental del juego, son partidos donde se estudian tanto, que los detalles y la suma de las jerarquías individuales, hacen la diferencia.

Con el diario del Lunes, parece apresurado caer en el facilismo de decir que ganó el que lo buscó, el equipo de propuesta, pero prefiero quedarme con el análisis objetivo abstracto que me lleva a pensar que la estrategia de Giordano fue acorde a las fuerzas del equipo de Gallardo, la formación académica, la comprensión del juego y los talentos son los tres ingredientes básicos, para ganar en el mata a mata, parece claro visualizar que este último no alcanzó en los 90 minutos, para que Nacional cumpliera a carta cabal la idea de su entrenador.

Fiel a su estilo, Gallardo ganó con su librito, independientemente de que fue dominado estratégicamente en la primera mitad, Giordano pensó un esquema para 90 minutos y los goles golpearon de tal manera que se vuelve difusa la estrategia que había logrado imponer en el partido.

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